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¿Quién no ha visto al perro de la casa montar guardia frente a la puerta, todo expectativa, un buen rato antes de que llegue su dueño?

Esta situación llamó la atención de Rupert Sheldrake, un científico británico que se dedicó a analizar el comportamiento de las mascotas mientras sus dueños están ausentes. Sus experimentos, asegura, demuestran que las mascotas "saben" cuando su dueño se dispone a partir desde donde se encuentra hacia su casa: Sheldrake sostiene, sin que se le mueva un pelo, que las mascotas se comunican telepáticamente con sus dueños.

Según este ex profesor de biología en Cambridge y Harvard, la telepatía animal se debería a la existencia de unos misteriosos e invisibles "campos mórficos" responsables del comportamiento de seres y objetos, animados e inanimados. Mientras los animales experimentarían cierta comunión dentro de estos campos, una "resonancia mórfica", los seres humanos conservaríamos sólo vestigios de esta capacidad telepática debido al desarrollo de formas alternativas de comunicación a distancia.

Si bien esta extraña teoría va más allá de las relaciones con las mascotas, el tema de la telepatía perruna golpeó fuerte, porque toca un punto sensible de la naturaleza humana: la comunicación con los animales, ese vínculo perdido, esa íntima conexión que va más allá de las palabras.

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

Para revivir esta profunda relación con los animales alcanza con apreciar la mirada de un perro mientras espera que lo saquen a pasear o percibir el ronroneo de un gato mientras se queda dormido en nuestra falda.

Con casas y familias más reducidas, las mascotas están cada vez más ligadas a sus dueños y ocupan un lugar importante en su vida emocional.

Según una encuesta realizada recientemente en los Estados Unidos, seis de cada 10 hogares tienen un perro o un gato. La misma investigación mostró que uno de cada cuatro dueños comparte la cama con su perro, y uno de cada diez confiesa que mantiene un vínculo afectivo más fuerte con su perro que con su cónyuge. En la Argentina, con cinco millones de perros y un número comparable de gatos, la proporción entre mascotas y hogares resulta similar.

"La comunicación entre mascotas y dueños es muy rica sin necesidad de llegar a considerar la telepatía, sostiene el doctor Claudio Gerzovich Lis, especialista en comportamiento animal. Los perros son especialistas en leer posturas, gestos y actitudes de sus dueños. Sólo entienden las palabras siempre y cuando su sonido esté asociado a actos concretos: así aprenden a sentarse o a avanzar ante una orden en particular.".

Los perros son animales gregarios. En su ambiente natural viven en grupos jerárquicos con ejemplares dominantes: el jefe es conocido como "macho alfa". En ese contexto, la supervivencia depende de un complejo sistema que permita recibir órdenes, demostrar acatamiento y coordinar las acciones para cazar en grupo. De allí la gran habilidad de comunicación de los perros: para ellos las personas con las que conviven son equivalentes a los integrantes de una jauría. Y el dueño, si hace bien las cosas, puede ocupar el lugar del macho alfa y ser obedecido sin un gruñido.

Los felinos, en cambio, son cazadores solitarios. Los gatos domésticos, derivados de una especie de gato salvaje del norte de África, también: por eso son más independientes y muestran un menor repertorio de comunicación. Sin embargo, los mininos también se las ingenian para expresar sus necesidades y entender las de sus dueños.

CLAVES PARA ENTENDER A LOS PERROS:

El principal problema de la comunicación con nuestro perro es el "doble discurso": en general decimos una cosa y hacemos otra. El ejemplo clásico se da cuando pretendemos terminar una sesión de juegos: mientras le decimos "bueno, basta", lo palmeamos en la cabeza y en el lomo. Por supuesto, el pichicho entiende el gesto, no las palabras, y sigue con las fiestas.

Si queremos echar al perro de adentro de la casa, no debemos ubicarnos en la puerta o cerca de ella. El animal ve una figura dominante bloqueando la salida y no se atreverá a franquearla, por más que le gritemos.

El perro es un animal jerárquico y necesita un líder. Por eso debemos ser firmes al dar las órdenes.

Conviene identificar las señales de alarma. Un ataque franco se caracteriza por el gruñido y la cola y las orejas paradas. Si el perro se siente acorralado, también gruñe, pero tiene la cola y las orejas bajas.

Además de funcionar como alarma ante una situación de peligro, los ladridos sirven para llamar la atención del dueño o para liberar tensiones (generalmente por frustración sexual, cuando anda una perra en celo por las cercanías).

CLAVES PARA ENTENDER A LOS GATOS:

Un gato que se siente confiado, tranquilo y amistoso camina con una postura erguida y la cola bien alta.

Si está relajado y "entregado", lo veremos acurrucado, con las orejas para atrás y los ojos cerrados.

Un gato preparado para atacar se agazapa, mueve lentamente la cola y tiene las orejas paradas.

Cuando se siente amenazado, arquea el lomo, se le eriza el pelo y baja la cola. En la postura de defensa máxima, se pone panza arriba con las garras afuera y emite bufidos

Autor: Dr. Claudio Gerzovich
Especialista en comportamiento animal

Artículo cedido por: www.enbuenasmanos.com para ACADSE
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